¿A qué nos recuerda este antiguo refrán?, aquello de que cada quién debe dedicarse a lo que es bueno, le gusta y sabe. ¿Puede sonar como excluyente no?, es decir, ¿que sólo puedes dedicarte a lo que sabes?, ¿o es lo que deberías o se supone?

Adentrémonos un poco en los conceptos y vamos a extrapolarlo al mundo de lo que se ha llamado “transferencia científica y/o tecnológica”, que no es más que convertir en productos/servicios útiles, que resuelvan un urgente problema para alguna parte de la sociedad, empresa o estado, a través de empresas sostenibles y exitosas, nacidas en el seno y cuna de la Innovación: Las Universidades.

¿Y cuál es el resultado real de esa transferencia científica y/o tecnológica? ¿Cuántos de esos alucinantes proyectos de investigación se han convertido realmente en empresas exitosas de triple impacto?, ¿o, aunque sea de un impacto? Jeje. Pues los números son tristemente muy bajos, por no decir inexistentes. ¿Razones? podemos mencionar muchas, sin embargo, de la que para nosotros tiene más relevancia, es la obcecada visión de autoridades universitarias e instituciones públicas en general, de querer que los investigadores, que la mayoría son unos genios en lo que hacen, tengan que hacer las veces de empresarios, porque sí…

¿Y por qué un excelente investigador no puede ser un buen empresario? Sí, es posible, pero son los menos, puesto que sacar al investigador de su zona de confort y más que su zona de confort, de ese laboratorio donde se siente como pez en el agua, haciendo lo que más le gusta, apasiona, le hace feliz y definitivamente lo que mejor se le da, para que entre en las turbulentas en infestadas de tiburones, aguas del mundo del emprendimiento y empresas, para que hagan un “Pitch» en 3 minutos, acostumbrados ellos a disertaciones de 3 horas, a hacer un “Business Plan” o un «Investor Deck”, en 16 láminas, cuando un paper de investigación normal tiene desde 200 páginas en adelante, que domine términos como: “Early adopters”, “CAC”, “LTV”, entre otros, es por decir lo menos un sin sentido.

¿Y como se ha intentado sin mejores resultados, resolver esto? Buscando “asesores”, “consultores”, “mentores”, en fin, personas que en su gran mayoría, no empatizan, no entienden (ni quieren entender) el idioma de la academia, que no entienden su rol de ser puente entre el laboratorio y el mercado, y muchas veces antes de reunirse ya pasan su primera factura, por “horas de consultoría”, cuando muchas veces no tienen la menor idea de qué ni cómo asesorar.

¿Qué ha causado lo anterior? que exista una alta reticencia de parte de esos héroes investigadores, a recibir a estos “gurús” empresariales, que no tienen ninguna empatía ni mucho menos esmero en ver esos proyectos alcanzar el éxito y por supuesto también descartar, visto lo visto, el inmensamente arriesgado track record, de colegas que lo han intentado antes que ellos, el convertirse en emprendedores y llegar a ser empresarios.

De allí que tres palabras, que nos identifican, resuenen tanto en este colectivo: “Research” (Investigar, buscar, bajar a la mina), “Loyalty” (Lealtad, por encima de todo, con los creadores, pioneros y héroes de esos proyectos de investigación) y finalmente “Trust” (Confianza, de que no cobramos ni cobraremos nada por nuestro trabajo, que somos el “cerdo” en ese plato de huevos con chorizo y que solo se activa nuestra participación accionaria en esos proyectos, cuando los objetivos han sido alcanzados).

¿Modelo perfecto el que hemos creado? (Minería Tech, como lo ha acuñado nuestro Líder Luis Antonio Morro). La perfección no existe, sin embargo, que bueno es que en 45 días, lo único que hemos recibido como feedback, en resumen ha sido ¿¡Y cómo nos sumamos!? ¿¡Cuándo empezamos!?

De manera altruista seguiremos obsesionados, con permitir que la sociedad se apropie de la innovación, por ello nuestra esencia.

#OwnTheInnovation y promover que los Investigadores (como el zapatero), se sigan dedicando a lo que los hace plenos: ¡Investigar!

Acerca del autor

Álvaro M. Cabrera