Esta expresión, ritual en la sucesión de las monarquías, se pronunciaba al Pueblo cuando se quería comunicar la muerte del Monarca y la inmediata vigencia de su Sucesor en el Trono.

Con tal lema se pretendía evitar la peligrosa situación política que se plantea en un interregno, además de servir como última ocasión de vitorear al rey fallecido y primera ocasión de hacerlo con el nuevo. Con lo que ello conlleva de significado político: la expresión de la fidelidad de los súbditos al rey y (especialmente en el contexto de la sociedad feudal) la renovación automática de los lazos del vasallaje.

Y ese es el grito que ya se escucha en el hiper-potenciado Reino de los Inversores en Startups. Quienes se encuentran en la búsqueda de una alternativa más eficiente a sus inversiones realizadas en Marketplaces y otras apps, las cuales, habiendo sido el vector de desarrollo de un floreciente negocio, ahora comienzan a vitorear al Sucesor (y no con ello dando por muerto al vigente). Este Sucesor por el que apostar, estaría circunscrito en lo que se viene a denominar empresas Deep Tech, que son aquellas que  desarrollan soluciones disruptivas basadas en el uso de tecnologías profundas vinculadas a la ciencia o ingeniería avanzada para dar respuesta a problemas globales.

Lo cierto es que el mercado de los Marketplacers está colmándose. Esto se refleja como cliente en que siempre encuentras a alguien que te va a poder ofrecer lo que estás pidiendo, y como competidor en que alguien lo va a poder hacer igual o mejor que tú.

Ya no caben en el share del mercado muchas más aplicaciones y proyectos empresariales que pivoten con escaso margen de diferenciación. Además, sus productos o servicios ofrecidos, con apenas valor añadido sobre otras iniciativas, empiezan a considerarse “commodities”. Llegados a este punto, la batalla y estrategia para la captación de clientes se presenta en el precio, en la reducción de costes que trasladas/implementas o en suponer una mayor eficiencia y servicio, pero nunca en cubrir necesidades no resueltas hasta el momento. Disponemos de infinidad de ejemplos: los rastreadores de seguros u ofertas de telefonía, tiendas-online, programas de healthness, mindfulness, agencias de viajes, servicios de entrega a domicilio… Todos ellos tienen serios problemas actualmente para hacerse con una cuota de mercado relevante, por lo que empiezan a aparecer importantes operaciones de build-up por las que los grandes se dan cuenta de que, para seguir creciendo, han de comprar a otros (más grandes o más pequeños) y ello dará grandes beneficios al inversor, sin dudas, pero es obvio que las oportunidades van fagocitándose “Los Unicornios comen Unicornios o son comidos por Dinosaurios” y las barreras de entrada de nuevos actores se elevan sustancialmente.

Esto es obvio que obliga a los inversores a buscar nuevas oportunidades que otrora no existían, o que no eran tan atractivas y productivas como las que fueron objeto de sus intereses. Esto siempre dicho desde el respeto a los inversores que apostaron hace 10 años por las startups, cuando la gente les llamaba locos por no invertir en las grandes empresas que dominaban el parqué.

Es cierto que un proyecto Deep Tech conlleva otro tipo de riesgos y plazos de maduración, quizás más lentos que lo que supone el lanzamiento de una startup hasta convertirla en un “Unicornio”, pero estos plazos se están viendo reducidos drásticamente. Actualmente, un período de cinco años para conseguir este hito desde su lanzamiento parece validado y considerado como viable. Esto es debido a diferentes factores que suponen ventajas de peso como la no competencia, el mercado amplio por abordar, la profusión de proyectos Deep Tech con origen en los centros de investigación de las Universidades, el talento investigador, la movilidad de los proyectos a distintas verticales y contar con el sistema de Open Innovation, ávido por incluir, asimilar y adquirir tecnologías disruptivas como valores diferenciales en el desarrollo de negocios tradicionales consolidados. Un ejemplo sería la AI, que no es un negocio de per se, sino un valor impresionante cuando se aplica a la agricultura, los seguros, los viajes o la fabricación de alimentos o partes.

Los retornos de inversión son por lo tanto mucho más importantes que lo que pueda suponer la inversión en proyectos no tan tecnológicos que suelen ser B2C. Cuando realmente los proyectos Deep Tech tienen una naturaleza B2B y son muy escalables en la cadena de prescriptores, que van a querer incluir tu tecnología en sus procesos haciendo que el rampup del desarrollo sea exponencial.

Las inversiones necesarias para poner la Deep Tech en el mercado no son tan elevadas. Cuando sabes aprovechar y devolver a la sociedad el trabajo realizado con el dinero público en la obtención de la parte más difícil de esta propuesta (generar talento, investigar y conseguir resultados para tener un MVP) y, si consigues aprovechar este recurso, además de conseguir dinamizar la inversión ya amortizada (una vez se investigó y se metió en cajas, nadie esperaba nada más de ella) podremos encontrarlas en el punto de desarrollo necesario para su integración en el mercado. Esto supone la eliminación de un coste/riesgo enorme que ya no tiene por qué correr la empresa que quiere tener Deep Tech en sus procesos…pero claro, para eso ha de saberse extraer proyecto, el conocimiento, la tecnología y talento (equipo motivado) de los centros de investigación hacia la empresa, armarla y adecuarla a lo que el mercado y los inversores pretenden de ella. Hasta ahora, se ha demostrado que el sistema nunca ha funcionado, o al menos no tan bien como era deseable, hasta que ha llegado TRL+.

Acerca del autor

Luis Morró
Luis A. Morró
CEO-Chief Evangelist Officer en
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