Normalizando el error.  Cultivando la tolerancia al fracaso

En líneas generales a la mayoría de las personas nos gusta ver los resultados positivos, en nuestras empresas, en nuestro desempeño, en nuestros proyectos. En muchos casos nos gusta escuchar más los casos de éxito, las Startups Unicornios, las que cierran grandes rondas de inversión, y es perfectamente válido pues nos sirven de modelo de inspiración, sin embargo, también debemos tener en cuenta es que estos resultados representan a una minoría, especialmente cuando se trata de emprendimiento.  Lo que es estadísticamente mayoritario son las empresas que no sobreviven al famoso valle de la muerte, aquellas que cierran antes de alcanzar los primeros 5 años.

En este punto es importante diferenciar entre los términos error y fracaso, como asevera el experto en innovación, Fran Chuan, “El error es un hecho cuantificable del que podemos aprender, sin embargo, el fracaso es una emoción negativa fruto de la reincidencia en el error».

Cierto es que culturalmente, tenemos una percepción negativa del fracaso. Si tu empresa no sobrevive sus primeros 5 años, lo calificamos de fracaso y queda estigmatizado como signo de debilidad. En consecuencia, el miedo a fallar está instalado en la mentalidad colectiva Española, de forma más intensa y negativa que en otros países, como por ejemplo Estados Unidos.

Esto se hace evidente en los siguientes gráficos, tomado del Informe Global Entrepreneurship Monitor España 2020-2021, que incluye las conclusiones de 25.000 encuestas, donde se observa la percepciones, valores y aptitudes para emprender de los españoles respecto al resto de la Unión Europea, observándose que el miedo a fracaso como el principal obstáculo para emprender en España, destacándose unos puntos porcentuales por encima de la media Europea. Podemos notar como España encabeza el listado de países con mayor percepción del miedo al fracaso como principal obstáculo para emprender.

Otro de los indicadores que nos muestra el grado de tolerancia al fracaso emprendedor es la Tasa de Actividad Emprendedora, o TEA por sus siglas en inglés –Total early-stage Entrepreneurial Activity-, es aquella que mide todas las iniciativas emprendedoras de menos de tres años y medio que existen en un mercado. Por ejemplo, si la TEA de un país es del 8%, significa que 8 de cada 100 personas han emprendido en los últimos tres años y medio.

Como se observa en el gráfico, según datos del Informe Global Entrepreneurship Monitor, la TEA de España se situó en 2018 en el 6,4%, por debajo de la media europea de 8,7% y lejos de Estados miembros como Holanda 12,3%, Irlanda 9,6%, Reino Unido 8,2%.

Sin embargo, al comprar con el continente americano, la TEA de Estados Unidos duplica la europea con un valor 15,6%, y la de Canadá se ubica en 18,71%. En el caso de los principales motores de LATAM, Brasil y Argentina, presentan con tasas superiores a la media europea con 17,9% y un 9,11% respectivamente. A pesar de que aún queda camino por recorrer, se observa un moderado cambio de tendencia, ya que hace tan solo tres años este índice era en España del 5,2%.

Normalizar el error

El revisar estas estadísticas y tendencias, el poder medirnos con respecto a otras economías nos permite comprender que oportunidades de mejora podríamos tener en este sentido, y aunque hay numerosas variables y estrategias asociadas a estos resultados, el objeto de este artículo es mostrar la reinante cultura de miedo al fracaso que limita el emprendimiento en España. En la cultura anglosajona esta especialmente normalizado el cierre de una empresa, o fracasos empresariales como una oportunidad de aprendizaje y de sumar experiencia que aporte valor en futuros proyectos.

Al punto de que los emprendedores más destacados y relevantes de las grandes compañías tecnológicas, animan los emprendedores a equivocarse con el objetivo de ganar aprendizaje. Y si sale bien en la primera oportunidad, continuamos y si sale mal, se toma nota, se sacan las conclusiones pertinentes y a empezar de nuevo.

Estadísticamente hablando, en base a los datos del último Mapa del Emprendimiento en España, elaborado por Spain Startup-South Summit que  analizó 1.720 startup de los 3.800 proyectos presentados a la Startup Competition, muestra que la probabilidad de fracaso del emprendedor que solo ha creado un proyecto es de un 45%, sin embargo, esta probabilidad disminuye a 16%, cuando el emprendedor ha puesto en marcha más de tres proyectos.

Probar, fracasar e intentarlo de nuevo son los pasos de una secuencia que debería formar parte del journey de cualquier emprendedor, especialmente en el entorno de empresas de base tecnológica, donde TODAS las competentes del modelo negocio parten de múltiples hipótesis por validar, y que, gracias a las metodologías ágiles, y al mejor estilo LEAN, probamos, validamos y pivotamos en base este feedback de las hipótesis planteadas originalmente, y con un nuevo aprendizaje y lo volvemos a intentar.

“El éxito consiste en vencer el temor al fracaso.”-Charles Augustin Sainte-Beuve-

Y así como otras latitudes nos pueden mostrar claves para normalizar el error y aumentar la tolerancia al fracaso. Como mencioné en el artículo anterior, el área de la I+D también nos pude aportar aspectos relevantes del valor detrás del error.  Para cualquier investigador es de vital importancia conocer porque algo no funciono, que falló en concreto o no permitió obtener los resultados esperados de la aplicación de una metodología o un proceso determinado para no cometer el mismo error o para buscar una alternativa válida. Este porcentaje de investigación ‘fracasada’ genera una información de alta calidad, ya que evita repetir los mismos estudios bajo las mismas metodologías que generan los mismos resultados negativos, repercutiendo directamente en tiempo y dinero. Existen plataforma como The All Results Journals, F1000Research, Figshare, Journal of Negative and No Positive Results, con repositorios de datos ciencia abierta con millones de datos permite a los investigadores publicar los datos negativos de una investigación para dar valor a los investigadores que han contribuido al avance de la ciencia y el conocimiento de diferentes maneras, decisiones e hipótesis.

El ver los errores como una oportunidad de aprendizaje no solo para nosotros sino también para contribuir a otros, es uno de los mayores aprendizajes que podemos extraer desde el mundo de la investigación.  Ya lo decía Bill Gates: “Está bien celebrar los éxitos, pero es mucho más importante escuchar las lecciones del fracaso”, y es que normalizar el fracaso como parte del proceso de aprendizaje de cualquier emprendedor es una de las grandes oportunidades de mejora.

Una de las ventajas que tenemos en el equipo de TRL+ es que hemos normalizado el fracaso en nuestra propia historia personal y de empresarios, lo que nos permite apoyar a nuestras iniciativas emprendedores desde la experiencia y aprendizaje para ser ese partner que, aunque no conoce todas las respuestas, tiene las vivencias que le han hecho resiliente, creativo e innovador ante momentos retadores de toda aventura emprendedora. #OwnTheInnovation

Acerca del autor

Thais Glod Núñez
Associate Founder en