Aunque nuestra historia, como la vida misma, comenzó con una fase de gestación, que fue intensiva en esfuerzos y en consumo de neuronas, el próximo 15 de abril de 2022 se cumplirá el primer semestre de vida de TRL+ como empresa constituida.

Por este motivo, pensamos que es buen momento para pararnos brevemente a contemplar lo ya hecho, caer en el ombliguismo, un ratito, y a compartir las enseñanzas que hemos descubierto en estos meses de andadura. A duras penas cambiarán esos pensamientos de aquí a nuestro inminente medio cumpleaños.

Entre dos aguas

TRL+ es un proyecto que nació con la misma proporción de humildad que de audacia. Humildad, porque nuestra razón de ser es servir de vehículo para lograr la transferencia de los resultados de la investigación a la sociedad, propiciando con ello innovación y retorno económico. En otras palabras, queremos honrar la ciencia, y la labor de los científicos, por la que sentimos un profundo respeto y también admiración.

Pero también queremos ser ambiciosos, audaces y osados. Y lo cierto es que nuestros interlocutores, que han sido muchos durante estos casi 6 primeros meses, nos reafirman en mantener ese espíritu de determinación valiente, hasta cierto punto arrogante. Nos sigue sorprendiendo, casi seis meses después, que causemos tanto alborozo entre los científicos y universitarios con los que tenemos la dicha de conversar.

La nuestra es una propuesta de valor sencilla y, quizá por eso, rompedora: queremos facilitar la innovación tecnológica dotando a los equipos de investigación del talento de gestión empresarial desalineado con su vocación académica; queremos conectarles con el sistema de inversiones, cada vez más ávido de proyectos disruptivos por los que apostar.

Los errores habituales

Nos parece un error grave tratar de convertir científicos en empresarios: es la mejor fórmula para una gestión empresarial inexperta y, de paso, perder a un buen investigador. Y cosechar fracaso y frustración. Por ese motivo, desde TRL+ nos ocupamos de que los científicos mantengan su actividad investigadora, que es la que les motiva, les anima y les alienta. Es verdad que es muy reconfortante comprobar cómo triunfa un proyecto de una empresa de base tecnológica con origen en un proyecto de investigación, pero el camino para lograr ese éxito no pasa porque el científico cambie de sombrero y haga un trabajo para el que, en la mayor parte de los casos, no tiene vocación ni preparación.

Ante tan evidente constatación, muchas universidades han optado por lo siguiente: si mis científicos no saben de gestión, enseñémosles a gestionar. Error, nuevamente.

Primero, la gestión empresarial no es una actividad que esté fuera del alcance de nadie, y menos aún de gente preparada e inteligente, como son los científicos. Pero eso no significa que sea algo trivial y que se puedan sustituir décadas de experiencia de negocio con un curso de management de 3, 6 o 9 meses.

Segundo, porque de nuevo se está desviando a los científicos de su labor más apreciada y estimulante, la investigación. Es justo en la investigación desde donde mejor contribución puede hacer un científico a su proyecto empresarial.

En España ocupamos un lugar razonable de producción científica, asimilable al de otros países punteros si consideramos nuestro tamaño de población y de PIB. Lo que falla es la transferencia, la innovación, la conversión de la producción científica en proyectos empresariales disruptivos. Y falla porque las estructuras fallan, porque los métodos no son los adecuados, ni los cauces para favorecer esa transferencia.

Cambiando el paradigma

Por eso, hemos venido a cambiar las cosas y a propiciar una nueva fórmula de colaboración con los científicos, dejándoles hacer lo suyo, resolviendo los aspectos que desconocen y no tienen interés en saber, minimizando el riesgo de fracaso empresarial.

Lo teníamos muy claro antes de lanzarnos a esta aventura, pero pasados 6 meses, decenas de reuniones, cientos de cafés, incontables conversaciones con científicos, venture builders, políticos, universitarios, abogados, inversores, por videoconferencia y en persona… después de todo eso, no albergamos duda alguna.

Recientemente, un vicerrector de transferencia de una importante universidad madrileña nos sorprendía con el siguiente halago: “vaya, y yo que pensaba que erais otros que veníais a ofrecerme lo mismo que todos, veo que me equivocaba”. Precioso regalo para nuestro primer medio cumpleaños.

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